En medio de la tragedia causada por los devastadores terremotos en Venezuela, que dejaron miles de víctimas y edificios colapsados, también han surgido historias de esperanza. Una de las más conmovedoras es la de Dayana Patiño y su hijo Juan David, un bebé de apenas 18 días de nacido.

El derrumbe
Todo ocurrió un miércoles por la noche. Dayana lavaba los platos en la cocina de su apartamento, en el octavo piso, cuando comenzó el fuerte sismo. Corrió para abrazar a su bebé y, segundos después, el edificio se desplomó.
Según contó, cayó en un espacio entre tierra y concreto sin soltar al pequeño. Al detenerse el derrumbe, descubrió que una losa inmovilizaba su cuerpo, mientras el bebé seguía respirando entre sus brazos.
Más de 32 horas bajo los escombros
Durante más de 32 horas atrapada, Dayana encontró fuerzas en su hijo. Explicó que comprobaba constantemente que seguía respirando y que eso le dio la determinación para resistir hasta la llegada de los rescatistas.
Una pequeña abertura entre los bloques permitió el ingreso de algo de luz, lo que la ayudó a mantenerse orientada mientras esperaba ser encontrada.
El rescate
Para conservar energías, evitó gritar continuamente y esperó hasta escuchar a los equipos de rescate. Al reconocer la voz de su hermano entre las ruinas, respondió con las pocas fuerzas que le quedaban.
Voluntarios, vecinos y rescatistas abrieron un estrecho acceso entre el concreto. Primero lograron sacar con vida al bebé y, cerca de dos horas después, liberaron a Dayana.
Madre e hijo permanecen en recuperación en un centro médico de la capital, donde se reencontraron con el padre del pequeño. Su historia se ha convertido en uno de los relatos más emotivos tras la catástrofe y en un símbolo de esperanza y fortaleza frente a la adversidad.