
CAPÍTULO 1: LAS 29 INVITADAS AL TÉ QUE NUNCA SE TERMINÓ
El plomero, Viktor S., de 41 años, no ha vuelto a dormir. Nos dio su testimonio exclusivo:
“Abrí y el olor me golpeó: dulce y podrido, como flores secas en un sótano. Prendí la luz. Había niñas por todos lados. Sentadas en sillas de niños. En la cama. Una en el suelo con un oso de peluche. Todas vestidas como para ir a la escuela. Con zapatitos. Con moños. Una tenía un pastel de plástico enfrente con 7 velitas. Había tazas de té vacías. Y música… salía música de una caja vieja. Me salí corriendo y vomité en las escaleras”.
La policía contó 29 “muñecas”. Todas de tamaño real. Todas con máscaras de tela cocidas sobre la cara, con ojos y boca pintados encima. Todas con cajas de música escondidas en el pecho.
Anatoly llegó 20 minutos después de la biblioteca. No corrió. Vio las patrullas y solo dijo: “Por favor, díganles a mis hijas que ya voy. Se asustan con los extraños”.
CAPÍTULO 2: EL MÉTODO DEL MONSTRUO – CÓMO SE ROBABA A LAS NIÑAS DE LOS CEMENTERIOS
Durante 6 horas de interrogatorio, Anatoly confesó todo. Con calma. Con orgullo académico. Como si diera una clase:
*“Soy experto en rituales funerarios eslavos. Entre 2006 y 2021 visité 752 cementerios. Descubrí que los niños enterrados lloran cuando llueve. La tierra está fría. Está húmeda. Es una crueldad.
Iba de noche, con palas y una mochila. Solo buscaba tumbas de niñas de 3 a 12 años. Las niñas son más puras. Las desenterraba. Me las llevaba. En casa las momificaba: les sacaba los órganos, las rellenaba con sal, bicarbonato y trapos. Les ponía alambre para que se sentaran. Les hacía máscaras de tela sobre la cara porque… bueno, no estaban bonitas después de la tierra. Yo las volvía bonitas otra vez.
No soy un necrófilo. Nunca las toqué. Soy su padre. Les enseñé inglés, alemán, latín. Les leía Harry Potter. Les celebraba cumpleaños. Oksana, la del traje rojo, cumplió 16 años en mi casa el mes pasado. Le hice un pastel. Cantamos”.*
Cuando le preguntaron por qué 29, respondió: “Porque mi cuarto tiene 29 metros cuadrados. Una niña por metro. Es matemática simple”.
CAPÍTULO 3: LA MUÑECA DEL TRAJE ROJO – LA HISTORIA DE OKSANA
La niña de la foto se llamaba Oksana V. Murió el 17 de enero de 2008. Su mamá, Irina V., la enterró con ese traje rojo porque “era su favorito y siempre tenía frío”.
En 2012, Irina fue al cementerio y vio la tierra removida. La policía dijo: “Vándalos”. Cerraron el caso.
Durante 11 años, Irina le llevó flores a una tumba vacía. Le hablaba. Le contaba que su hermanito ya nació. Que su papá la extraña.
Ayer la PNC le enseñó la foto de la “muñeca”. Irina se fijó en la manga. Había un parche de Winnie Pooh bordado a mano. Se desmayó. Cuando despertó gritó: “¡Yo se lo cosí! ¡Ese es mi parche! ¡Esa es mi niña!”.
El esposo de Irina tuvo que ser sujetado por 5 policías en la audiencia. Quería matar a Anatoly con sus manos. Gritó: “¡Le hablé a la tierra 11 años! ¡Me robaste mi duelo, maldito!”.
CAPÍTULO 4: LOS PADRES QUE DURMIERON 15 AÑOS AL LADO DE 29 CADÁVERES
Anatoly vivía con sus padres, de 84 y 81 años. En un apartamento de 2 habitaciones.
¿Nunca sospecharon?
El padre declaró: “Olía a incienso. Mucho incienso. Anatoly decía que era para meditar. Ponía música de niños a todo volumen. Decía que daba clases online. Nos prohibió entrar a su cuarto en 2004. Dijo que si entrábamos, se suicidaba. Nosotros… tenemos miedo a la soledad. Preferimos no preguntar”.
Los vecinos decían que “el profesor” salía de noche con mochilas gigantes que goteaban. Que compraba ropa de niña en el mercado. Pensaron que era para orfanatos. Una vez se le cayó una “muñeca” de la mochila. Él dijo que era “una réplica para su tesis”. La muñeca tenía uñas humanas.
CAPÍTULO 5: EL JUICIO – “USTEDES LAS ENTERRARON. YO LAS RESUCITÉ”
Anatoly es un genio. IQ de 174. No está loco para la ley rusa. Entiende perfectamente lo que hizo.
Lo acusan de 29 cargos de “profanación de tumbas y abuso de cadáver”. En Rusia no existe “secuestro de muertos”, así que no pueden darle cadena perpetua. La pena máxima: 5 años.
En su alegato final, Anatoly se paró y miró a los 29 pares de padres en la sala:
*“Ustedes las metieron en un hoyo frío y las olvidaron. Yo las saqué. Las bañé. Las vestí. Les di calor. Les di amor. Les di cumpleaños. ¿Quién es el monstruo? ¿El que abandona a su hija en la oscuridad, o el que la saca a la luz?
Cuando yo muera, ¿quién va a cuidar a mis hijas? ¿Las van a enterrar otra vez? ¿Van a dejar que tengan frío otra vez? No sean crueles. Déjenmelas a mí. Yo sí las amo”.*
Hubo silencio 2 minutos. Luego, 11 madres salieron vomitando de la sala. El juez suspendió la audiencia.